jueves, 31 de mayo de 2012

Smallville: When we first met. "Ataque"

Historia por Fermín Reyes

Todo comenzó con una llamada de Chloe. Un virus desconocido, incluso para ella había infectado los sistemas de la Watchtower.

“En algún punto entró a los satélites que alimentan nuestra base de datos”, dijo Chloe, “y de ahí se difundió rápidamente destruyendo toda nuestra información, pero he aquí lo raro: nuestras computadoras son las únicas afectadas por el mismo. El ataque fue dirigido exclusivamente contra la JL”.

Por aquellos días, sabíamos del regreso de Lionel Luthor, o al menos un Lionel de una tierra paralela, aún más dañino que el original. Ollie propuso investigarlo.

Estábamos ocupados tratando de determinar de dónde había venido el ataque, cuando nos llegó la noticia por parte de Mera, de que A.C. había sufrido un terrible accidente en el acuario. Lo mismo sucedió con John Johns y Bart Allen. Después nos enteraríamos que cada uno fue neutralizado de formas muy simples.

A Bart lo tomaron en una carretera despoblada, con una ráfaga de aire caliente que momentáneamente le quemó los pulmones y lo hizo trastabillar. A esa velocidad, Bart tuvo el impulso suficiente para salir volando medio kilómetro, lo que aseguró su inconsciencia durante días. John fue envenenado en su casa, alguien mezcló una dosis letal para humanos, suficiente para sacar de la jugada a un marciano, con el medio litro de leche que guardaba en el refrigerador. Finalmente alguien traslado a un par de leones de su jaula al área del acuario, por lo que A.C. fue atacado fuera del agua por un animal al cual no podía controlar mentalmente.

Accidentes todos tan simples que en algún momento dudamos que realmente la JL estuviera bajo ataque.

Entonces Chloe descubrió un signo encriptado en el virus que frió nuestros sistemas. Alguien estaba firmando su trabajo y jugando con nosotros. La señal provenía de muchos lados y de ninguno a la vez: nada ni remotamente cercano a Metrópolis. “Esto es tecnología de punta”, ningún virus informático en la tierra se comporta así.

Otra pieza del rompecabezas surgió en el estacionamiento del penthouse de Ollie. Antes de abordar su vehículo alguien le lanzó grava a los ojos, después le enterró un pequeño artefsacto filoso en el hombro: el arquero, el saetero sin sus herramientas más importantes: la vista y sus brazos. Ollie fue golpeado antes que pudiera siquiera meter las manos. Su atacante tuvo la amabilidad de meterlo al asiento del conductor para que lo encontrara el guardia del edificio durante su ronda, 20 minutos después.

Mientras eso sucedía, Chloe descubrió algo mas, el virus que penetró las defensas también extrajo información: una en particular: el lugar donde nací, Krypton.

Era el único pedazo de información que necesitaba mi atacante para deducir lo que mucha gente ya había entendido hasta entonces: que el material radioactivo que dejó su explosión sería suficiente para matarme. Recibí una llamada a mi celular, al otro lado de la línea la voz de una mujer me dijo que alguien había colocado una bomba en el edificio del Diario el Planeta y que estallaría en 20 segundos. Mientras corría hacía el edificio a supervelocidad, ya había localizado el único punto en el que podría estar, un cuarto recientemente cubierto de plomo, el único lugar donde los rayos x de mi vista no penetrarían.

Abrí la puerta faltando 14 segundos, suficiente tiempo para sacar lo que fuera que estaba ahí y correr al exterior. Pero dentro no había una bomba, sino roca de meteorito. Alguien me empujó y cerró las puertas.

Un ataúd. Oscuridad sólo cortada por el resplandor verde de la kriptonita en el suelo. Un cuarto suficientemente grande para…¿matarme? No. No para matarme, pero si para que la radiación emitida me tuviera lo suficientemente débil como para escapar de ahí con mi superfuerza.

Más juegos.

Entonces escuché a Chloe al otro lado de la puerta:

“Esto se terminó, dile a quien quiera que sea tu amiguita que quiero mis sistemas operando y en forma en menos de una hora.”

Una voz cavernosa, casi inhumana contestó “Chloe. Efectivamente esto terminó. La Liga está desecha, tus compañeros muertos y sólo me encontraste porque quería que me encontraras”.

“Abre, déjalo ir” dijo Chloe.

“¿no quieres saber cuánto puede vivir un kriptoniano expuesto a la radiación de su planeta? Estoy seguro que el dato nos podría ser útil.”

“¿Qué sucede allá afuera? Chloe déjame salir” grité mientras luchaba porque el contenido de mi estómago no se saliera por la garganta.

“déjalo salir, o juro que te atacaré de la misma forma en que lo has hecho y cuando termine no existirán un solo hombre, mujer o niño que no conozca tus secretos”.

La voz de ultratumba titubeó y luego dijo “está bien. En cuanto me vaya podrás abrirle la puerta a tu amiguito. Pero sábete que no están listos. Hasta hace un par de días desconocía la debilidad de cada uno de ustedes y sin embargo los he vencido. Ahora que los conozco no hay forma de que sobrevivan a un ataque. No están listos.”

“Entonces entrénanos” dijo Chloe.

“No es mi papel” dijo la voz “tengo mis propios problemas y mi propia ciudad que proteger. Cuando llegue el momento regresaré, por lo pronto le diré a Oracle que te devuelva tus sistemas, de todos modos la información ya la copié.”

“Eres un…” Chloe calló a media frase, como si su interlocutor ya no estuviera ahí. Entonces se abrió la puerta y me encontré de frente con ella.

“¿eres que, Chloe?” pregunté “¿eres que?”


“Eres un maldito, Bruce. Eso es lo que iba a decir. Que Bruce es un maldito.”


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